domenica 6 luglio 2014

Goya Toledo y María Leon, tan distintas como unidas

Sus ritmos de vida son diferentes. También sus edades y sus formas de pensar. Pero, lejos de lo que se pueda imaginar, Goya Toledo y María León tienen más encuentros que desencuentros. 

María León no sabe ningún cuento que no sea de miedo: «Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, mi madre solamente nos explicaba ese tipo de historias. Disfrutaba mucho asustándonos». Goya Toledo se recuerda a sí misma inventando e interpretando sus propios guiones, uno en especial: «Cuando llegaba del colegio, antes de comer, era imprescindible darle el biberón a mi muñeco y acostarlo.




Tengo instinto maternal de serie y, aunque todavía la naturaleza no ha querido darme hijos, no pierdo la esperanza de que eso ocurra algún día». Si León no hubiera sido actriz, dice que le habría gustado ser mujer-bala. Toledo quizá se habría dedicado a la moda: «No sabes lo que me relaja coser a máquina», afirma. A la sevillana le encantaría tener un autógrafo de Penélope Cruz –la mejor amiga de Toledo– y rodar «todos los días del año» con ella: «Es de las actrices que ha demostrado a este país que para triunfar hay que trabajar. ¡Dejémonos de tonterías y trabajemos!», asevera. Por su parte, la canaria se pondría, sin dudarlo, a las órdenes de Paco León –hermano de María–: «Haría lo que me pidiese. Creo mucho en él y en su potencial como director». La primera tiene una energía volcánica; la segunda se abraza a la serenidad que otorga la madurez. Pero más que la noche y el día, León y Toledo son dos mundos independientes que, al juntarse, tienen más puntos de encuentro que diferencias. Por eso, en Marsella –la película que estrenan el próximo 18 de julio y que ha sido dirigida por Belén Macías– funcionan como un puzle donde las emociones encajan por salvajes que sean. Ambas interpretan a la madre –una biológica y otra de acogida– de la misma niña, por la que pelearán hasta dejar el egoísmo de lado y procurar por el bien de la menor. Un ejercicio actoral de contención que les ha robado muchas lágrimas en los ensayos. «El de las madres es un amor muy bestia», afirma Toledo. «Y cuando uno ama siempre pierde un poquito la cabeza», añade León.
Tanto León, a sus 30 años, como Toledo, a sus 45, han tenido hijos en la ficción en varias ocasiones. Pero lo curioso del caso es que ninguna ha experimentado la maternidad en su piel. Aunque no lo descartan: «Yo creo que todavía a los 50 años una mujer no es mayor. Puede tener perfectamente descendencia a esa edad. Es muy personal, depende del caso y no debe juzgarse en general. A la gente le gusta opinar rápido y de todo, pero te tienes que ver en la situación. Mi padre murió cuando yo tenía seis años. En la vida no puedes tenerlo todo calculado», cuenta Toledo. «Yo me apuntaría al Club de las Malas Madres [blog que defiende, con ironía, a las madres imperfectas que no llegan a todo pero que, no por ello, quieren menos a sus vástagos]. No hay que perder de vista a la mujer que eres, porque cuanto más crezcas a nivel personal, más aportarás a tus críos. Por eso, a mí me gustaría ser muy mala madre para que mi hijo pudiera decir: “¡Qué maaaala es mi madre!”», dice con sorna León.


Las dos han crecido en familias muy matriarcales, así que, si algún día tienen dudas, pueden recurrir a sus progenitoras. Toledo copiaría de la suya «su fortaleza y capacidad de supervivencia. Se quedó viuda con 40 años y cinco hijos y, además de sacarnos adelante, consiguió su objetivo: mantenernos unidos y que fuéramos una piña». En casa de los León, Carmina Barrios ha hecho gala de otra gran cualidad: «Jamás nos ha juzgado, nos quiere tal y como somos. Nos ha criado con una sola ley: la del respeto. Y eso es muy difícil. Ojalá yo sepa hacerlo igual de bien».
En Marsella, la figura del padre, aunque está presente (o ausente), se plasma con personajes secundarios. Sara (León) y Virginia (Toledo) son quienes verdaderamente provocan en el espectador mil y una tensiones. ¿Los hijos siguen siendo de las madres? «Las mujeres tienen una fuerza sobrenatural: paren y eso marca la diferencia. Por eso la conexión con ellos es otra. No podemos ir contranatura. Somos animales», afirma León, quien asegura que cuando no tenía novio se planteó la posibilidad, sola, de traer al mundo a un niño: «No creo en el príncipe azul. Creo que a lo largo de la vida te vas montando equipos para viajar por ella. Lo haces con tu familia, con tus amigos y también con tu pareja. Me gustaría tener hijos, ¡y muchos!, con alguien a mi lado, porque pienso que sería bonito compartirlo. Pero si no estuviera, los tendría igual».
Toledo tampoco cree en los cuentacuentos: «Creo en el compañero de viaje, con todas sus maletas, a las que hay que añadir las que llevo yo. El objetivo es hacer el camino más ligero, facilitarse la vida. Pero no se educa peor a un hijo porque lo hagas sola o porque tu pareja tenga el mismo sexo que tú. Hay que ser más libres de mente. Lo realmente grave y una barbaridad es que se pongan tantas trabas en los temas de adopción, y puedo hablar de esto porque yo he estado en el proceso. Es una pesadilla. No podemos hacerlo tan difícil cuando hay pequeños que quieren tener una familia y muchas familias que quieren dar amor a unos hijos. Es increíble que haya tanta burocracia, que además no tiene nada que ver con el verdadero sentimiento de maternidad o paternidad».
Al hablar de hombres, las intérpretes se muestran confiadas y piensan que en el presente ellos ya están preparados para lidiar con la mujer de hoy, «mucho más fuerte y poderosa», como la define León. A eso añade: «El machismo me parece un atraso. Espero que sean capaces de comprender nuestro papel actual. Si no lo hacen, pobres de ellos. Eso significaría que van para atrás y me daría pena porque ya hay en este país suficientes cosas que van para atrás». A lo que Toledo replica: «Cuando me preguntan qué pienso sobre el machismo es cuando me doy cuenta de que sigue existiendo, porque si no existiera, la pregunta se obviaría. La mujer tiene cada vez más presencia en esta sociedad, pero si Cate Blanchett va al Festival de Cannes y denuncia que las actrices cobran menos que los actores, es que todavía hay injusticias por las que luchar».


Al cierre de esta edición, dos son los temas que centran la actualidad: la proclamación de Felipe VI y la Copa del Mundo, de la que la Selección ya ha sido eliminada. Marsella se estrenará justo cinco días después de la final del Mundial. ¿Por qué los españoles se concentran masivamente ante la televisión para ver el fútbol y les cuesta tanto llenar las salas de cine cuando se proyecta una película nacional? «Aficionados. Tiene aficionados. Algo que también podríamos tener nosotros si este país se enterara de que la cultura es algo imprescindible, que el cine es necesario para soñar, aprender, liberarnos, viajar… Se solucionaría si al cine español se le reconociera la entidad que tiene y se difundiera su importancia bajo ese criterio. A las salas no se va solamente a ver pegar tiros», apunta León. ¿Quizá serviría que los actores se metieran en política, como parece que va a hacer George Clooney? «Serviría que los políticos hicieran algo, que para eso cobran. Dejemos a los actores actuar», sentencia León. Toledo puntualiza: «A los actores siempre se nos tacha de combativos porque somos más visibles en los medios. Pero hay otros muchos gremios que pelean por lo que creen. Todos los ciudadanos debemos defender las causas en las que creemos. Yo, por ejemplo, estoy en contra de las petrolíferas en Canarias. Siempre que haya gente a favor o en contra de algo hay que someterlo a referéndum. Como debería haberse hecho con la Monarquía. Estamos en democracia».
Mientras de Toledo se destaca el equilibrio de sus interpretaciones, de León se resalta su capacidad para empatizar con el público y transmitir verdad y normalidad. «¿Normal yo? Mira, no sé qué significa ser normal. ¿Qué es ser normal? ¿Qué es ser moderno? Hay que ser y el problema es que muy poca gente es. Yo soy partidaria de que cada uno sea lo que quiera. Pero que sea feliz. Porque todos tenemos la responsabilidad de ser y hacernos felices a nosotros mismos. Mi éxito no es la normalidad. La gente no te aprecia porque seas simpática o porque les caigas bien: tiene que haber un trabajo detrás. Yo lo único que hago es comportarme como quiero que sean conmigo. Ése es mi triunfo», comenta. Definitivamente, el normcore (o triunfo de lo normal) no va con ella: «Lo que me sorprende es que ser normal sea ahora una tendencia», dice Toledo. «¿Nos hemos vuelto locos? Además, ¿quién es completamente normal? A mí siempre me ha gustado relacionarme con gente que sea sincera con su identidad y yo intento serlo con la mía. Pero la realidad es otra. Hablamos más de los demás que de nosotros mismos. Si expresáramos nuestros sentimientos, el mundo iría de otra manera. Pero claro, eso da mucho miedo».
Otro punto en común: las dos están de acuerdo en que las modas hay que seguirlas con precaución: «Soy fashionista en un 10%, pero le doy importancia a mi vestuario en un 60%», dice Toledo. «Mi último descubrimiento es el clóset virtual dey sigo siendo fiel a mi centro de estética, The Beauty Concept». Pero a pesar de la dedicación que le prestan a su imagen, de ningún modo creen que tener un buen estilista es más importante que contar con un buen agente en el mundo del cine, como parece haber ocurrido con Lupita Nyong’o, quien, con tan solo una película reconocida en su currículum, ya ha firmado contratos millonarios con Miu Miu o Lancôme. «La moda acompaña y apoya a nuestra profesión. Pero ser una intérprete no tiene nada que ver con ser una celebridad. Para ser actriz no hay que pisar una alfombra roja, ni siquiera saber pisarla. Hacen falta ganas de contar historias, ya sea con un traje caro o con chanclas. Pero la moda ayuda y por eso cada día me esfuerzo más en aprender cosas sobre ella. Es amiga de mi trabajo y suma», dice León.

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